Aquí todo permanece igual, aunque sólo las gastadas piedras de nuestros muros son verdaderos testigos de ello. Son Sureda Ric se ha convertido en un paréntesis de historia que se mantiene viva en la era de la electrónica.
El lagar y la bodega son lugares especialmente silenciosos y contrarios a los cambios. Conservan el aspecto de antaño y abrigan el mismo ambiente de cuando fueron construidos en losas de piedra y “marés”. A lo largo de los siglos, bodega y lagar han mantenido unas condiciones de temperatura y humedad singulares: siguen albergando en sus muros las esporas de levaduras que consiguen fermentaciones espontáneas en el vino que se elabora en su interior.

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